Mensaje central del Papa León XIV del Ángelus
«Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 3,1).
En este segundo domingo de Adviento, se celebra la llegada del Reino de Dios, con la figura de Juan el Bautista como precursor, quien llama a la conversión. Juan el Bautista predica en el desierto, anunciando que el Reino de los Cielos está cerca y exhortando a la conversión. En la oración del “Padre nuestro”, pedimos que el Reino venga, reconociendo que la historia no está determinada por los poderosos, sino por un Dios que libera en lugar de dominar. Aunque el mensaje de Juan es severo, la gente lo escucha, motivada por la llamada de Dios a aprovechar el momento presente para prepararse para el encuentro con Él.
El Reino se manifestará en Jesucristo a través de la mansedumbre y misericordia, simbolizado por un renuevo que trae renovación. Se recuerda el Concilio Vaticano II como un tiempo de transformación que genera esperanza, y se enfatiza que nada es imposible para Dios. Se nos invita a ser luces en el mundo y a esperar con confianza como María, nuestra Madre. El mensaje del Adviento nos anima a prepararnos para el Reino de Dios y a caminar en la luz que Jesús trae a nuestra historia.
Hermanas y hermanos, ¡cuánto necesita el mundo esta esperanza! Nada es imposible para Dios. Preparémonos para su Reino, acojámoslo. El más pequeño, Jesús de Nazaret, nos guiará. Él, que se puso en nuestras manos, desde la noche de su nacimiento hasta la hora oscura de su muerte en la cruz, resplandece en nuestra historia como el sol naciente. Ha comenzado un nuevo día: ¡despertemos y caminemos en su luz! vatican.va
He aquí la espiritualidad del Adviento, tan luminosa y concreta. Las luces a lo largo de las calles nos recuerdan que cada uno de nosotros puede ser una pequeña luz, si acoge a Jesús, brote de un mundo nuevo. Aprendamos a hacerlo como María, nuestra Madre, mujer que aguarda con confianza y esperanza. vatican.va